¿quién soy?

No recuerdo cuando llegué

No puedo acceder a mi memoria previa

Pero este no es mi mundo, no es para mí

Así no se supone que deba ir mi historia


Tengo veintiún años, Dices tú

¿Qué lo prueba? ¿Un acta, un pedazo de papel?

Mi espíritu se siente cansado y viejo

Siento que cargo trescientos años en mis hombros


Y aunque mire al cielo y pida un deseo

No podré salir de aquí jamás, no encontraré nunca mi hogar

Aunque lloré a la luna y le pida misericordia

Esta se resignará a escucharme más, pues no perteneceré a este lugar jamás.


¿Será que tengo un origen, una tierra propia?

¿Será que pertenezco a algún lugar?

Puede que sea simple demencia o esperanza

Pero los “raros” como yo no logran encajar


Así que veintiún años, y dices saber mi nombre

Querido amigo… lamento decirte que no soy ese hombre.

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El vínculo

No te amo

Discúlpame pero no puedo amarte.

  • Tantos años de dolor y sentimientos desconocidos
  • Tantos años de llanto sin control e intentos por desaparecer fallidos
  • Te amé alguna vez, de eso estoy segura

    Te amé alguna vez, cuando me veías con ternura

    No existe en mí la más simple gota de fe en tu cariño y no existe molécula de cariño en la que tenga fe

    ¿Cuánto más seguiremos haciéndonos daño?

    No me amas y creo que yo tampoco a ti

    Tal vez me aprecias y creo que es lo único que siento por ti

    Aquel vínculo de madre e hija lo rompiste hace varios años atrás

    Aquel vínculo no podrás recuperar jamás

    Pasan los años y envejecen mis recuerdos de aquellos sentimientos; se vuelven lejanos e inaccesibles

    Pasan los días y las peleas nos alejan más, haciéndonos extrañas en competencia por motivos inexistentes e imperceptibles

    Te amé, de eso estoy segura… pero esa oxitocina no existe más en mí, y estoy segura de que tampoco en ti.

    Tóxica familia.

    Y ¿qué pasa?

    ¿Qué pasa cuando eres la decepción de quien te crió y el martirio de quien te dio a luz?

    ¿Qué pasa cuando nadie quiere escucharte pero no se cansan de gritarte?

    ¿Qué pasa cuando se te han adjudicado más etiquetas qué triunfos?

    ¿Qué pasa cuando a cada palabra que sale de tu boca, le agregan otras centenares de ellas… pero ajenas?

    ¿Qué pasa cuando la familia se convierte en afilados cuchillos en el estómago y riñones?

    ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre entonces?…

    Dicen que el amor debe ser incondicional, pero yo lo siento desvanecerse conforme pasan los años… conforme aumentan los gritos.

    Dicen que uno debe sentirse seguro en casa, pero yo la siento una zona de guerra… constantes batallas y heridas que, a pesar de ser viejas, jamás cierran aunque permanezcan inveteradas.

    ¿Qué he hecho yo para merecer estos tratos? ¿Qué tienen estas personas en la cabeza para creerse sus propias falacias?

    Deseo despojarme de mis raíces y comenzar una nueva vida en la que pueda sentirme segura, en la que el cansancio físico sea tan escaso que no necesite dormir tantas horas para recuperar energías… lejos de la guerra, lejos del dolor, lejos de esa imagen distorsionada que se han creado de mí.

    Lejos de ellos.

    Adiós

    Y esta vez, en lugar de agarrar pluma y libreta… agarro bocina y micrófono.

    Estoy cansada de sentirme menos y de aceptar las palabras ajenas como un retrato hablado de mi persona. De escucharte decir que no te merezco.

    No. No soy quien crees.

    Estoy cansada de escucharlos aclamar saber mis pesares y mi padecer; como si mi historia estuviera escrita en mi rostro y tallada en mis manos… ¿quién sois para describirme lo que siento y por lo que he pasado?.

    No. He sufrido y superado más de lo que crees.

    Pero si algo no me cansa, es hablar sobre lo que siento; gritar a todo pulmón lo que pienso, y despedirme.

    ¿Por qué despedirte? Os preguntaréis

    No me canso de despedirme, porque cada espacio que se libera da lugar a alguien que realmente lo quiera. Cada voz negativa que sale de mi cabeza, da entrada a frases de aliento; y cada adiós… trae consigo un peso menos.

    Adiós, estimado amigo.

    ¿PSICÓPATA NACE O SE HACE?

    Artículo -Isamary Cavazos E.

    ¿Alguna vez se han sentido con la fuerza suficiente para derribar un edificio de concreto con las manos flamantes en ira? De ese sentimiento que yo he experimentado múltiples veces, viene la pregunta que ha estado incrustada en mi mente; latente pero constante.

    ¿Será que podría convertirme en psicópata si mi ambiente me inclina a ello? Una pregunta complicada de hacerse, mas no de contestar una vez analizando y comparando las características de una persona con este trastorno y el de una bajo circunstancias de presión en donde entra su instinto animal “Lucha o huida”, o en el simple hecho de darle poder a alguien sobre un grupo de personas y analizar su comportamiento y la evolución de este. Esto me lleva al “Experimento de Stanford” realizado por el Dr. Philip Zimbardo, en donde quería demostrar qué sucedía cuando un ser humano era despojado de su dignidad y su vida era controlada en su totalidad. Quería mostrar igualmente los efectos secundarios en la persona a causa de la deshumanización (caso de los supuestos reos) y el desmoronamiento de los valores sociales y morales que podrían llegar a desarrollar los supuestos guardias inmersos en esa situación, por tener en sus manos el “poder” sobre los otros.

    ¿Podría alguien perder su esencia hasta convertirse en otro ser irreconocible? Me pregunto si se necesitaría demasiado para poder llegar a perder la esencia de un ser, como la trágica muerte de todos sus seres queridos; o si con tan sólo la pérdida de su empleo y una línea de mala racha, podría ser suficiente para volver a alguien demente y capaz de todo.

    ¿Será el quebranto del alma algo tan complicado? o ¿Existen almas predispuestas a este cambio abrupto del ser? Y viendo tantos casos de niños que comienzan ¿Qué ocurre con aquellos niños que comienzan por matar animales y disfrutan de ello?.

    En el caso de una posible predisposición, se encontraría la opción de un posible error genético en el ser humano, que lo incline a buscar esa “adrenalina”; o un problema orgánico que le impida sentir empatía.

    ¿El psicópata nace?

    La insulina y la empatía

    Cuando hablamos de la ínsula, se habla del quinto lóbulo cerebral; estruscutra encargada de múltiples tareas, entre ellas, la del reconocimiento emocional y la empatía. Se trata de un centro de sinapsis entre el sistema límbico (almancén de senimientos y emociones) y el neocórtex (cerebro racional, decisiones del inconsciente).

    Si dividimos a la Ínsula en dos partes; la región posterior iría a enfocarse más con el de los órganos internos; mientras la parte anterior presentaría mayor vinculación con el sistema límbico, siendo más orientada a la anexión emocional de las experiencias del inviduo como una sensación unitaria. Enfocándonos en la parte anterior de la ínsula, se ha encontrado un menor volumen de materia gris en la ínsula anterior izquierda en personas con trastornos psicológicos (Como lo sería alguien “Sociópata” o con “Trastorno de personalidad Narcisista”).

    El Hipotálamo es el principal consecuente de la conducta motivacional; donde cumple un papel muy importante en la regulación de las emociones. W.R. Hess estudió los efectos de la estimulación eléctrica y demostró que esta hacia el hipotálamo era capaz de generar patrones de respuesta característicos de miedo y de furia. Basando mi comentario en múltiples experimentos realizados desde 1971, podría decir que el hipotálamo regula los patrones conductuales agresivos por medio de dos vías diferentes; contando con un papel sumamente importante en lo que es la expresión periférica de los estados emocionales. Una estimulación eléctrica errónea y constante en el cerebro, ¿Podría causar un comportamiento violento crónico? ¿Podría la electricidad en nuestro cuerpo crear a un psicópata?.

    Hablando ahora de la Amígdala; una característica muy importante de esta es su importancia en la supervivencia, esto ya que su función principal es el integrar las emociones con los patrones de respuesta correspondientes; al hacer esto, se provoca una respuesta a nivel fisiológico o un acondicionamiento para dar una respuesta conductual.

    la corteza prefrontal,tiene como unas de sus principales funciones el control de la conducta social, regular el comportamiento, ceñir la conducta en base a posibles consecuencias y sentir empatía; la cual parece ser hipofuncional en las personas con comportamiento violento, dejando en evidencia la gran influencia de este lóbulo en lo que es el acto criminal y su incapacidad de sentir empatía.

    EL GEN DEL GERRERO- MAOA

    Tan sólo en 2014, la revista de “Molecular Psychiatry” da a conocer un hecho estremecedor sobre el comportamiento criminal y su relación con la genética; donde Jari Tiihonen, un doctor especialista en la neurociencia clínica, relaciona las variantes de dos genes –MAOA y CDH13– con el comportamiento extremadamente violento en personas. Según explica el doctor Jari Tiihonen “más del 50% de los delitos violentos graves cometidos en países desarrollados pueden explicarse por razones genéticas. Nuestro estudio sugiere que estos genes podrían estar involucrados en un 10% de los crímenes”. Mientras que CDH13 contribuye al desarrollo de la sinapsis en el cerebro y se encuentra asociado con el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), el gen MAOA es el encargado del metabolismo de la dopamina, neurotransmisor que interviene en los receptores del placer del cerebro, serotonina y noradrenalina. La dopamina se libera en situaciones de placer y estimula al individuo para la búsqueda de aquello que le ha proporcionado esta sensación; por ende se relaciona con las emociones fuertes como lo son el amor o el odio. Este gen está igualmente relacionado con múltiples enfermedades psiquiatrías incluyendo el comportamiento antisocial.

    En el caso de la variante de MAOA, cuya absorción de dopamina es bastante baja, tiene como consecuencia una gran atracción por las situaciones de riesgo e incremento del comportamiento violento; esto por el intento de “Sentir algo fuerte” para desarrollar esa dopamina deficiente.

    Los investigadores dicen: “La mayoría de los delincuentes se encuentran bajo la influencia de una sustancia psicoactiva en el momento del homicidio, mayoritariamente alcohol”; esto se debe a que el el consumo de sustancias psicoactivas, como lo es el alcohol, contribuyen a la liberación de dopamina en el cerebro, desatando la agresividad en el portador del “gen del guerrero”.

    A pesar de que variedad de fuentes afirman que más del 20% de los individuos del mundo somos portadores de mutaciones de bajo riesgo de estos genes, Tiihonen afirma: “Aunque poseer una combinación de alto riesgo aumenta en 13 veces el peligro de desarrollar comportamientos violentos, la gran mayoría de los individuos que lo poseen no llegan a manifestarlo”, lo cuál podría significar que para que este gen se “active”, necesitaría de un ambiente que lo requiera, es decir, que el portador se enfrente a una situación de estrés bastante alto o una falta de atención en su crecimiento que lo lleve a las drogas.

    Al leer el artículo del doctor, pude notar un gran énfasis en el alcohol; llegando a una conclusión en la que menciona el disulfiram (medicamento utilizado para la trata de alcoholismo crónico) como una condición para tratar a las personas que han presentado dichos comportamientos previamente.

    ¿Será que una vida con un entorno apropiado pueda mantener a una persona portadora de ambos genes, saludable?… en mi opinión, es correcto; la persona propensa a la violencia únicamente se descarrila en el caso de un mal desarrollo en su infancia y adolescencia, por lo que implementar un programa de prevención de comportamiento criminal sería adecuado.

    Un programa con la intención de llevar por el camino correcto a individuos con estos genes desde edad temprana podría disminuir un 10% del crimen, mas si aparte se agrega el hacer PET-TAC Cerebral a partir de cierta edad (infancia) para identificar posibles fallas orgánicas en el encéfalo, podría bajar aún más el porcentaje de criminalidad, y así se podría prevenir el desarrollo de trastornos o de una conducta agresiva desde temprana edad. La búsqueda de técnicas para la prevención del crimen y la violencia no está lejos de la mano.

    Entonces…
    ¿Es cuestión de ambos factores? ¿Será que todos somos presuntos psicópatas? o ¿Sólo los portadores del gen y los que tienen defectos orgánicos podrían convertirse en uno?.

    Mi artículo original posteado en:

    https://link.medium.com/bH5HXLP3aV

    ¿Verdad? Prefiero engaño

    Náuseas, dolor abdominal, vómitos, mareos, adormecimiento de piernas y manos…

    mi ataque de ansiedad se ha convertido en mi semana y mi paciencia se agota; pero mis miedos aumentan.

    ¿Por qué es más fácil morir por miedo a algo que enfrentarlo y saber la verdad de una vez por todas?… creo que sé la respuesta:

    Si mi miedo fuese real, entonces enfrentaría un abismo de emociones nefastas y situaciones increíblemente desagradables…

    ¿Por qué arriesgarme a darme esa respuesta tan concreta?

    Vomito; mis piernas me fallan y de desvanezco en el suelo mientras mi cuerpo vacila entre apagarse un rato o seguir luchando.

    Mi cuerpo opta por seguir luchando

    ¿Así se siente el terror a la verdad? ¿Así se siente ser un ser humano amante del engaño?

    Siento como la piel de mis manos arde hasta que no soporto más y rasco… rasco con tanta ansiedad una picazón fantasma; un ardor psicosomático.

    Mis manos ahora tienen ampollas producidas por la fricción… ahora sí tienen algo porqué sentir ardor.

    ¿Será posible siquiera? La simple idea de mi peor miedo haciéndose realidad es absurda; repasé todos los puntos tantas veces y no parece haber cabida a error… no parece haber posibilidad de error.

    Me digo mientras tecleo con mis ahora entumecidas manos

    No hay error… no hay error.

    Concluyo mientras respiro profundamente y abro la puerta del auto para entrar a mi última clase del día. Concluyo para no tener que buscar espacios para error.

    Cuánto temo a la verdad. Había olvidado lo humana que soy.

    Hipersomnia

    Sonó mi alarma y supe que había pasado un día más…

    tan sólo aguanto hasta las dos de la tarde, poniendo todo el esfuerzo de mi mente y cuerpo para salir de casa; y al llegar, volver a tocar cama.

    Llego… pero como siempre, lo hago a un ambiente de pleito y ansiedad; de guerra y toxicidad en donde soy atacada mental y psicológicamente.

    Así que lo decido… duermo.

    Abro los ojos de nuevo; esta vez porque llevo durmiendo todo el día y he perdido toda una tarde de producción… mi depresión ya no me quiere dejar hacer nada, ya no tengo energía, ya no tengo ganas de nada más que de cerrar los ojos y dormir…

    Dormir hasta que vuelva a abrir los ojos para poder dormir de nuevo.